viernes, 11 de septiembre de 2009

PAPÁ


Papá fue un hombre de largas piernas y dudas infinitesimales. Le gustaban las carnes magras de res y de mujer ajena. No había noes más esteparios que los que escupía su boca, ni síes más pusilánimes que los de su mirada. Alguna vez fuimos a acampar a orillas del río Guachaca. Los cuatro. Mamá, mi hermana, él y yo. Esa noche, Papá bebió con sevicia y Mamá lloró con recato. Las sombras y la neblina eran una sola, cuando lo vi levantarse y tomar camino al monte. Fui tras él. Hablaba quedo. Palabras gruesas. Gestos groseros. Su cuerpo se irguió veloz en la medianoche. Abrió los brazos en cruz y apretujó las dos piernas hasta que se hicieron tronco. Papá fue transformándose en un árbol. Gigantesco, sus ramas pertenecían al universo. Estuvo irreconocible moviéndose con la brisa de un lado a otro y causando salvajes ruidos con las raíces. Floreció por voluntad. Luego se llenó de frutos. Entonces soltó tremenda carcajada inédita y placentera. Sigilosamente mía. Mientras papá fue árbol, tallé sobre su corteza mis iniciales. F.H. Transité todas sus grietas. Esa noche fue mi héroe, después volvió a ser papá. El hombre de largas piernas y dudas infinitesimales, que amaba las carnes magras de res y mujer ajena. El día en que papá se fue, mamá lloró con recato. A mí me llenó de orgullo.
CuentosdeBCRamos.(De Ligeras Historias)

Fotografía: Mauricio Ramírez. Angkor, Cambodia.

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