lunes, 11 de enero de 2010

De Bertha C Ramos. Amigas.

AMIGAS
Una y Otra son como sal y azúcar pero aún así, fueron amigas. A Una le gusta merodear por las peluquerías y los puestos de revistas, y a Otra por los sardineles anchos y las charcuterías. Una vive llena de preguntas y ganchitos de Hello Kitty, Otra de respuestas y catálogos de maquinaria pesada.
Cuando Una se divorció, Otra también pidió el divorcio con tal de poder amanecer con Una hablando pestes de los hombres y de los desatinos de la selección natural. Fueron buenos tiempos aquellos. Verdaderamente buenos. Tiempos en que se les paraban los pelos ante los dientes de cualquier cremallera, y el estómago les daba vuelta de campana viendo copular a las moscas en la lentitud del verano. Como si hubieran resucitado y el mundo las poseyera. Dos mujeres solas. Como dos cometas sueltas. Como dados en el aire. Sustantivo y adjetivo. Dos amigas. Creyeron haber tocado el lindero de la hermandad. Buenos tiempos aquellos, cuando una mujer realiza ciertos actos y olvida muchas palabras. Cuando siente que mujer es una expresión impar.
Así estuvieron las cosas hasta la nefasta tarde invernal en que Una recibió rosas doradas de quien había sido su hombre. Fue por causa del dorado tan dorado y cegador que tenían las rosas en medio de aquel día gris, que Una se reconcilió con él sin pensarlo dos veces. Otra le dejó de hablar. Como fueron tan amigas, ahora la saluda con gestos. El que siempre utiliza para dirigirse a Una cuando la ve de lejos, es el que toma forma con el dedo corazón y se conoce vulgarmente como pistola.
CuentosdeBCRamos. (De Los nudos falsos)
Rafael Zabaleta, Las dos mujeres.

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