lunes, 22 de marzo de 2010

De Bertha C Ramos. Madrina Tomasa.



Madrina Toma es católica, apostólica y romana, sin embargo fue amante de un chino llamado Liang a quien le compraba las hortalizas. Tampoco él le decía Tomasa, porque no hablaba español, pero ella se acostumbró a que la nombrara con un sonido semejante a maullido de gato. Los sábados por la tarde, Madrina Toma llegaba puntualmente a la granja y hacían el amor entre las eras. Como no le entendía, ella nunca supo si el placer le hacía gritar su nombre o proferir una maldición, pero le bastaba con que luego él la alzara como si fuera de porcelana, y a la orilla de un estanque de riego le regalara un ramo hecho de hojas de col y cebollín. Como él sólo hablaba mandarín y ella español, durante los cuatro años que fueron amantes ninguno de los dos supo qué dijo el otro, aunque fueron confidentes. Desde el día que Liang aprendió a pronunciar la palabra adiós no dejó de repetirla. Madrina Toma buscaba la forma de hacerle comprender su significado, pero no regresó a la granja cuando él comenzó a gritarla al filo del orgasmo. Dice que no lo olvida, Madrina Toma insiste en que Liang era el hombre ideal.
Cuentos de BCRamos. De Los nudos falsos.
Gustav Klimt, Danae, 1907.

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