martes, 8 de junio de 2010

Beatilandia. Por Bertha C. Ramos.

BEATILANDIA
Por: Bertha C. Ramos.
Lunes 31 de mayo de 2010. El sol, el dueño del auténtico poder, cae sobre los campos ávidos de semillas, calienta paradisíacas playas y ciudades fascinantes. Hoy todo luce radiante bajo los rayos ultradorados de la gracia sacrosanta. Los cielos se rebosaron de pajaritos preñados y cristalinos riachuelos corren entre calmosos valles de idílicos paisajes. El aire huele a narcisos, parece un cuento fantástico. Estamos a las puertas de Beatilandia, el país elegido legalmente por el pueblo.
Una era de prosperidad en que se cumplirán las promesas del nuevo soberano de Beatilandia. En resumen esto dijo: “se creará un entorno que hará posible la generación de los anhelados empleos, le pondrá dinamismo a la precaria economía e incitará a todo el reino a trabajar. La seguridad urbana será una de las prioridades. El nuevo gobierno derrotará al terrorismo y terminará el conflicto. La política de seguridad seguirá comprometida con la defensa de los derechos humanos. Se fortalecerá la policía. El sistema de salud, que será volcado hacia la promoción, la prevención y la salud pública, estará en manos del estado, pero la definición de sus políticas estará a cargo de la nación. El nuevo gobierno aspira a presentar en el Congreso el día 7 de agosto, la ley de ordenamiento territorial que le dé autonomía a la Región Caribe”. El reino de Beatilandia está de fiesta, el soberano tiene claro su discurso, parece un cuento fantástico.
En literatura, el género fantástico es únicamente el tiempo de la incertidumbre en el que ocurre un suceso que tiene lugar en un mundo igual al nuestro, pero del que no podemos comprender las leyes que lo rigen. Cuando tomamos una posición frente a ese suceso, si  hallamos una explicación racional pasamos al campo de lo extraño, si aceptamos como natural un hecho sobrenatural nos internamos en lo maravilloso. Lo fantástico es la vacilación y es el individuo quien decide  si transita hacia la incredulidad absoluta o la fe ciega.
Beatilandia no es un fraude. Es el país elegido por más de seis millones de votantes. Yo no he sido uno de ellos, pero debo reconocer que si no ocurre un milagro, será en el que viviré durante los próximos años. Una nueva ficción cuyo elemento predominante es el misterio, aquello inexplicable que asalta la vida real. La historia de Beatilandia sugiere de antemano que tendrá elementos sobrenaturales capaces de petrificarnos, acontecimientos insólitos que nos dejarán sin habla. Estará poblada de seres maquiavélicos de apariencia variable, entidades depositarias de mágicos poderes que ejercerán influencia para bien o para mal, sobre todos los ciudadanos. Adentrémonos pues, una vez más, en el mundo sorprendente que nos depara. Beatilandia no es un fraude, es el país elegido. Asumiremos vivir en él, nos guste o no, ojalá sin olvidar que lo fantástico es evanescente. Ya veremos si con el paso de los días y el devenir de los hechos, optaremos por oponer resistencia a la crudeza de lo extraño, o como suele suceder, por acurrucarnos en el ilusorio mundo de lo maravilloso. En un nuevo cuento de hadas que nos permita seguir durmiendo otros cuatro años.
berthicaramos@gmail.com


1 comentario:

  1. Más allá de estar de acuerdo o no con la posición, es la forma como está sostenida lo que me admira. La posibilidad del arte de una buena escritura para pasar, lo que nada tiene de bello a algo bellamente dicho.

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