martes, 12 de octubre de 2010

Caperuza Roja 2. Por Bertha C. Ramos.

CAPERUZA ROJA 2
Salvo mis ojos saltones, ninguna otra cosa me gustaría olvidar tanto como esas excéntricas caperuzas que tuve que llevar durante la infancia. Me las hacía mamá con pedazos de bayetilla roja que mi papá compraba por rollos y revendía vuelto limpiones. Creí que me las había seguido haciendo por desesperación, porque no sabía qué hacer con tanta tela guardada después de que papá desapareció de desaparición natural como cualquier colombiano, de un momento a otro y sin dejar ninguna huella. La prensa lo halló culpable. Dijeron que a los treinta y cuatro años debió haber tenido claro que no transitaba entre madrigueras en el África subsahariana, sino entre las guaridas de la América del Sur. Quien de último lo avistó, hacia la hora en que se recogen las golondrinas, lo vio manoteándole a un hombre de traje manchado a quien no se le veían las botas de lo alto que estaba el monte. De manera que sin habérselas detallado, nunca se supo de qué bando era. Pobrecito. Seguramente algunas colillas iría tirando por el camino para dejar un rastro, hasta cuando se le acabaron los cigarrillos y se lo tragó la selva. Mamá no se cansaba de esperarlo mientras echaba maldiciones a toda persona que tuviera uniforme pecoso y olor a sangre fresca. A veces fue más allá de las maldiciones, recurrió a la petulancia que tienen las esbeltas hojas de los cuchillos. Destajó secretamente uno que otro vientre tratando de sacar de ellos una migaja de papá. Pero fue inútil, ninguno soltó una letra de su nombre. Mamá no volvió a la iglesia ni quiso saber de Dios, y como otra viuda más por causa de la violencia, se dedicó  a cocer pasteles para la venta y a coser mis excéntricas caperuzas. Creí que me las había hecho por desesperación, porque no sabía qué hacer con tanta tela guardada, pero supe años después que lo único que deseaba era que si yo tropezaba en la espesura con papá, aunque estuviera militando en cualquier bando pudiera reconocerme y desertar.
cuentosdeBCRamos. De Relatos de terceros en primera. 
Alejandro Obregón, Violencia.

3 comentarios:

  1. Excelente modo literario de ilustrar el destino solitario que le espera ala familia de los combatientes de nuestra guerra interna absurda.

    Me gustó Bherta.

    Abrazos.

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  2. Se me escaparan lágrimas cuando leí: reconocerme y desertar. De acuerdo con Antony. Rico leer tus cuentos. Ese está perfecto para octubre. Lástima que no sea un cuento en esta tierra sangrante.

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  3. Sensaciones.
    Sentir la tibieza de la bayetilla roja en mi nuca sin saber si es real o es tu imaginación.

    Sentir el dolor profundo de no saber si existes o desaparecistes, PAPA.

    A mi me gusto tu relato...en primera.

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