domingo, 14 de noviembre de 2010

De la Belleza. Por Bertha C Ramos.

LA BELLEZA
Por Bertha C Ramos.
Lo bueno de las visitas de cumpleaños, además del regodeo culinario que nos deparan, es que salimos de ellas modificados. Un cumpleaños es como una cajita de Pandora de la que salen narraciones extraordinarias, y cuando uno se levanta del sofá
en el que ha estado apoltronado plácidamente, ya no es el mismo. Le ha incorporado a la memoria curiosos archivos y al cuerpo placenteros gramos. Días atrás, en medio de una celebración lluviosa oportuna para historias largas, se abordaron las premisas de la belleza y la lluvia fue el primer objeto en cuestión. ¿Hay belleza en la lluvia? No hubo respuesta, hubo respuestas. Entre el sí y el no, las subjetividades armaron un tropel de calificativos contradictorios y ya optábamos por internarnos en el espinoso terreno de la idea de la lluvia cuando de la maraña de razonamientos despuntó una conversación que parecía pronunciada con negrillas. Hablaba fuertemente una mujer. Una de aquellas que detestan los aforismos y todo lo que suene a breve, y prefieren sin contrición los pelos y las señales. Discutía la relatividad de la belleza humana basada en una experiencia personal. Relataba que hace algunos años conoció una estudiante a punto de graduarse como docente, a quien no le fueron dados atributos de hermosura. Inteligente sí era. Metódica y rigurosa. Escrupulosa y católica. Sin embargo, sin ninguna explicación fue reprobada. Preocupadas por el fiasco de su amiga, las compañeras se dieron a la tarea de espiar el argumento que reposaba en el escritorio de la rectora. Y esto fue lo que encontraron: reconocidas las cualidades de la persona, se concluye que no debe ser graduada una docente que por causa de su aspecto físico, pueda ser motivo de burla entre sus alumnas. Horror de horrores, los patrones de belleza infiltrados en el sistema educativo. Después de airadas protestas de la audiencia, la dueña de la palabra pasó a la página final y relató el afortunado epílogo. Habiendo recurrido a una especie de  tutela, la estudiante obtuvo su título de maestra, pero además contrajo matrimonio con lo que entonces se llamaba un partidazo. El triángulo más exitoso de la época. De ahí en adelante el cumpleaños se transformó en una verbena verbal.
Individualmente la idea de belleza parece seguir siendo tan evanescente como la idea del amor, y hubo quienes encontraron bellos a Michelle Obama y a Pokemon y quienes tildaron de feos a Yamid Amat y a la Kournikova. Ningún acuerdo, por fortuna. Cada uno defendía su versión de la hermosura, seguramente comandado por lo que las investigaciones determinan como una marcada preferencia en animales y humanos por los rasgos simétricos y es factor decisorio en la selección sexual. “La belleza no es un concepto abstracto ni simplemente estético, sino una condición que está íntimamente ligada a lo que necesitamos para ser felices.”
Pero se atraviesa la cultura y atrofia la sabiduría biológica. Sustituye el instinto por el instante. Los reinados de belleza, por ejemplo, promueven un fugaz estereotipo consumista. ¿Quién, sino poderosas industrias de estética y moda, establecen los volubles cánones de la perfección física? Y consumimos. ¿O no? 

1 comentario:

  1. Indudablemente, no se puede negar, la belleza es el primer factor a considerar en una buena primera impresión. Todo entra por los ojos. Pero, por experiencia personal, con el trato continuo nos enamoramos de las bellas personas que son feas físicamente. De joven, conocí a una muchacha desagraciada pero con un modo de ser tan cautivador que todos mis amigos nos peleábamos por ella y envidiamos al que por fin la conquistó.

    Abrazos.

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