domingo, 21 de noviembre de 2010

λέξεις. por Bertha C Ramos.

λέξεις
Por Bertha C Ramos.
Cuando escribo λέξεις estoy diciendo palabras. Las indispensables palabras, la luz, el entendimiento, la salvación. En un desafío inoficioso, me dispuse a juguetear con la forma de las frases de un poema de Yannis Ritsos escrito en griego. Con la forma de las letras,
el perfil, el garabato, porque no tengo conocimiento de la lengua de Platón. Juego desafortunado. Igual pudo ser en hindi o javanés, ucraniano o wayuunaiki, porque resultó imposible saber si ellas hablaban de estreptococos o de alucinaciones, de masacres o de amores, de polimorfos o purpúreos. No logré desarticular el hermético hermetismo. Y aunque una y otra vez perseguí en las letras un rastro de su sustancia significativa, no pasaron de ser inconexas manchas instaladas en un trozo de papel, y yo un ser deshabitado. Un ser desabastecido de comprensión sujeto de un alfabeto en el que anido y pertenezco al mundo, en el que el mundo anida en mí y me pertenece. Es el idioma que nombra, proporciona existencia y reconocimiento. Que nos concede el poder de Ser Humano. Entonces acobardada busqué el hogar, mi segunda madre, la serenidad de mis palabritas en español, la traducción del poema, mi vínculo universal, mi supervivencia. Y aquellos que parecían garabatos adquirieron cuerpo y alma, develaron mandolinas, amodorrados becerros, cigarras y melodías. De la cifrada sentencia que remataba el poema “Και ο Θεός τρίβει τα μάτια του, κοιτάζει και γελάει.” surgió altanera, conmovedora, una frase que recibieron alborozados mis sentidos. “Y Dios se frota los ojos, nos mira y ríe.” La historia de los pueblos se construye o se destruye en la palabra, pero la palabra permanece aunque se muestre inasible, inabarcable, momentánea.
De los griegos a los Wayuu la oralidad persiste porque la palabra reglamenta el caos. La tradición oral ha transmitido creencias y códigos de conducta de los pueblos, por esto resulta un gran reconocimiento que la Unesco haya declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al Sistema Normativo Wayuu asociado al Palabrero, la figura que se vale únicamente de la palabra para mediar los conflictos de la etnia Wayuu. El Palabrero es un personaje que supera el privativo lenguaje cebado por los fantasmas y las circunstancias personales, el liviano lenguaje que se desplaza de boca en boca repetitivo y superficial, y se establece en el corazón de la lengua wayuunaiki que se nutre de vastas soledades desérticas, de vientos arrasadores y canícula implacable, donde cada palabra es un vehículo preciso de comunicación que posibilita la conservación de la etnia y tiene carácter sagrado. Una lengua sencilla pero justiciera. El Palabrero no pertenece a esa calaña de jueces ineficaces que administran nuestra justicia y permiten que las ciudades sean nidos de impunidad, sino un mediador provisto de una herramienta que en nuestras sociedades ya no vale: la palabra. Bien distinto y distante de cuanto culebrero y político lenguaraz soportamos a diario proponiendo desatinadas leyes. Si adoptáramos el sistema normativo wayuu, creo que seríamos ciudadanos más seguros, el problema estaría entonces en el abastecimiento de chivos para pagar tanta fechoría.

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