domingo, 26 de diciembre de 2010

Casualidades. Por Bertha C Ramos.

CASUALIDADES
Por Bertha C Ramos.
Porque somos animales simbólicos, amamos y defendemos a nuestra patria. A este trozo de tierra del que la gran mayoría de colombianos no posee ni dos centímetros, un escaso grupo de testarudos custodia algunos metros, y un puñadito dichoso –y sospechoso- tiene gigantescas extensiones. A esta significativa
pero imprecisa idea que llamamos patria, en la que nos sentimos unificados a través del lenguaje, los mitos, la religión y el arte. A este exótico territorio rico en biodiversidad y folclor en el que los runrunes corren con la misma velocidad de los ríos y de las balas. La madre patria macondiana, rebosante de sucesos extraordinarios que causan habladurías. Lástima que los runrunes nuestros sean una especie de wikileaks criollo, rumores que todo el mundo conoce, insólitos, como las cosas del criollismo, que brincan de boca a oreja y de oreja a boca, pero duran eternidades siendo rumores y cuando finalmente se convierten en verdades, ya son clavo pasado.
Por eso que llamamos alegremente “casualidades de la vida”, estuve cerca de tres mujeres inteligentes (la inteligencia era evidente en su forma de cruzar las piernas y mover los meñiques) que para despedir el año, se tomaban un café y hacían el inventario de los runrunes que galopan en las postrimerías del 2010. Tres mujeres. No hay verdades tan verdaderas como las de las mujeres, porque son individuales y comprometen el alma. No importa que nos tilden de apasionadas y extremistas, o que nos llamen cositeras porque le damos la misma importancia a los deslices del marido que a los del presidente de la república. Al fin y al cabo, el malestar de una verdad que nos disgusta siempre es personal e irrefutable. El caso es que primero se concentraron en runrunes pasionales, incluidos los de su propia estirpe. Un amasijo de nombres y apellidos que mezclaba a judíos, moros y cristianos, en una furtiva  fraternidad inimaginable. Y no precisamente religiosa. Luego entraron sin censura a la celosa intimidad de la milicia. Al ghetto. A la élite anudada y hermanada en una fraternidad impenetrable. Y no siempre de índole castrense. Pero repentinamente, así como nos condujo el invierno a la tragedia, ellas hablaron de otra tragedia que se avecina. De la avalancha de runrunes que se extiende sobre la disposición de reubicar o reconstruir aquellos asentamientos que el agua se devoró. De que existen borradores de contratos listos para ser adjudicados, maquinaria que se prepara a toda prisa, escrituras de predios que se desempolvan, arquitectos, ingenieros y abogados que esperan alborozados que salga el sol del 2011. Son rumores, son rumores, dijeron las tres mujeres, y brindaron por esta patria condensada en unos símbolos que amamos sin preguntas, y por ende, sin respuestas. Runrunes de wikileaks criollo que ojalá no sean ciertos porque dentro de unos años podríamos estar viviendo un desastre similar. Entonces se crearán impuestos y se apelará otra vez al buen corazón de los ciudadanos y a la ayuda internacional, y cuando el agua nuevamente llegue al cuello, otra generación de dirigentes repetirá lo que dijo en estos días uno de esos infelices: ¡nos duele Colombia!

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