domingo, 12 de diciembre de 2010

Causa Justa. Por Bertha C Ramos.

CAUSA JUSTA
Por Bertha C Ramos.
Lo más relevante de que al expresidente Uribe y su grupo de amigos  se les haya dado por liderar una fundación llamada Causa Justa no es la fundación en sí,  porque en este país lo que existe a tutiplén son fundaciones y ONGés. No es tampoco que a él se le haya ocurrido la filantrópica idea, porque al expresidente Uribe se le puede ocurrir cualquier cosa, incluso
bailar públicamente con Lucero Cortés un pasodoble a cuatro pies (que serían en este caso ocho después de haber sacado al ruedo a Lina y a la mamá de Lucero según testifica un video). Mucho menos importante es el objetivo que le suponen a su Causa Justa, porque ella tiene un interés casi de carácter personal, tal vez un asunto de parche, como decir una rifa que se hace en una familia para ayudar a quien está en dificultades. Quizá la mayor trascendencia de la recién nacida Fundación, está en que trajo a la luz esas dos palabras: CAUSA JUSTA. Apartándonos de cuál sea la que ellos promueven, la verdad es que le recuerdan a uno que sí existen causas justas por las cuales emprender una cruzada, fortalecen la fe en que uno podría reconsiderar su condición de gregario y disponerse a liderar un movimiento en pro de tantas dolencias que nos aquejan. Claro que poder hacerlo significa que uno debería tener incorruptibles principios éticos. Porque una fundación debe tener una clara función social, estar comprometida con la consecución de un beneficio común. De no ser así, la insigne fachada de lo que se denomina fundación podría terminar siendo un parapeto para la creación de grupos con intenciones dudosas, lo cual para algunos colombianos -qué pena tener que escribirlo- representaría una enorme tentación. La creación de Causa Justa me ha devuelto la esperanza y ha puesto a volar mi imaginación. Siento las suaves brisas del año nuevo, y he comenzado a soñar con una o dos instituciones indispensables para sobrevivir en el año 2011. Y, qué magnífica revelación, estas sí son causas justas.
Una fundación que vele por el derecho a una ciudad. Porque si estábamos acorralados por la delincuencia hoy estamos paralizados por el sicariato, la ciudad le abrió la puerta a los malandros, y no hay quien ponga la ley. La de hoy es una urbe amenazada conformada por precarios cinturones habitables, y su defensa es más que justa.
Como creo que es justa la revisión del acuerdo que pretende aumentar las abusivas tarifas de los servicios de alcantarillado acueducto y aseo. El aseo público (en mi recibo) es de $ 50.165 y sin embargo, hay que pagar de bolsillo propio la recolección de escombros y de chatarra. (Habría que inventarse una fundación alternativa para la defensa de los males del oído, causados por los abominables altavoces de este último negocio que prospera sin control)
Las Causas Justas abundan en las necesidades de los ciudadanos y damnificados y desplazados de este país. Por eso, no es justo el nombre que el expresidente Uribe y sus partidarios escogieron para ayudar a defender lo que además es indefendible. Pudieron haberle puesto Causa Propia. Porque causas justas son otras y la mayoría tiene que ver con la extrema avidez de  supervivencia que nos acosa.
berthicaramos@gmail.com

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