viernes, 3 de diciembre de 2010

De Bertha C. Ramos. Trasteo.


Para que nadie los viera, unos pobres se mudaron a la Torre de Pompeya un jueves santo a medianoche, y un ateo que se estaba masturbando en el balcón, no pudo evitar mirarlos mientras arrastraban cajas bajo el halo fluorescente que proyectaba la luna. Por la mañana el ateo estuvo en la tienda, y dijo que ese trasteo no traía ni colchones ortopédicos, ni aparatos electrónicos, ni lamparitas de pie, ni cuadros enguacalados, pero no dio más detalles. El primer día los pobres se encerraron en la casa, y el ateo buscó la forma de acercarse llevándoles una torta de alcachofas. Los pobres se la comieron aunque les supo a forraje y se les hizo un pegote en la garganta y se vieron obligados a ir pasándola con agua. Sin embargo, agradecieron el gesto del vecino con apretones de mano y una matica de anturio cultivada en una lata de sardinas. El ateo juró por Dios que tenían las palmas toscas y todos olían a humo y a vinagre, pero no dio más detalles. El domingo de resurrección los pobres fueron a misa y comulgaron; por la tarde caminaron por el parque montándose en los columpios y elogiando los colores de las hojas de los sauces, admirados de la forma en que la gente se asolea con los últimos brillitos del poniente en esos barrios del norte. El ateo estuvo enclaustrado esperando que la luna apareciera para salir al balcón y comenzar a masturbarse.
cuentosdeBCRamos. De La Torre de Pompeya.

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