sábado, 11 de diciembre de 2010

De Gustavo Tatis Guerra. Wayúus.

Fotografía: Ana Milena Londoño, El Cabo de la Vela, en la guajira colombiana.

WAYÚUS
Hay un lugar del desierto donde conversamos con los muertos. Es el Cabo de la Vela. El mar arrastra las voces de nuestros muertos y no hay secreto que no conozca la tierra. Ante ella nos inclinamos desde el amanecer y escuchamos sus confidencias. Los pastores del desierto llaman a silbos a sus cabras perdidas y miran el reloj en las sombras del sol en los cardones. Aferramos el bastón sobre la piel dura y maliciosa de la tierra y buscamos que ella nos regale la palabra precisa que multiplique el perdón entre los parientes en disputa de la tribu. Ella es la intermediaria ancestral y solícita de nuestro corazón. Las palabras ascienden a flor de alma como un fruto madurado al pie del agua. Es así como nacen los abrazos en la tribu. 
A Weildler Guerra Curvelo.

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