domingo, 13 de marzo de 2011

Muñecas. Por Bertha C Ramos. Columna de opinión en El Heraldo.

MUÑECAS
Por Bertha C Ramos.
La conquista de los derechos de la mujer es un arduo trabajo racional que respaldado por estadísticas y fórmulas magistrales, propone una mujer amparada por la ley. Y aunque ello representa un avance significativo en la reivindicación de un género discriminado y violentado, a todas luces resulta insuficiente. Y lo es porque ser mujer es anterior a toda palabra,
a toda estadística y  teoría, pero especialmente a toda ley que no provenga de la naturaleza. Ser mujer es una azarosa coyuntura biológica en la que participamos en igualdad de condiciones que los hombres en la preservación de la especie. Pero ser mujer exige la aceptación de pertenencia a un género que, como toda congregación de índole humana, es imperfecto; que está imposibilitado para generar vida con autonomía, pero es a la vez imprescindible; exige además la comprensión de que a los hombres les ocurren ambas cosas. Biológicamente estamos equilibrados, y en ese equilibrio -según planteamientos de la psicología evolutiva- a los hombres les corresponde la función de ufanarse de sus óptimas características genéticas y a las mujeres la trascendental decisión de elegirlas; o sea, las funciones se invirtieron y las mujeres pasaron de electoras a elegidas, de deseosas a deseadas y así se desdibujaron a lo largo de la historia. “Enigma de la deseosa” un poema de Gonzalo Rojas, describe una mujer sin complejos que prescinde de teorías y de leyes. “Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto/ de 32, exige lectura/ de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,/ b) toda su piel liviana/ para los besos, c) mirada/ verde para desafiar el infortunio/ de las tormentas;/ no va a las casas/ ni tiene teléfono, acepta/ imantación por pensamiento. No es Venus;/ tiene la voracidad de Venus.” El gran reto de las mujeres va más allá de igualarse a los hombres, la vuelta es hacia sí mismas, hacia el rescate de su función primigenia. Mi opinión, en todo caso, quiero expresarla literariamente, a través de un cuento breve que titulé “La Muñeca”.
Lo primero que hacía Arizmendi cuando despertaba era curucutear los pezoncitos de Belén hasta que estuvieran duros como pepitas de agraz, y esperaba a que Belén se arrimara calientita y lo besara. Lo segundo darle un grito. Al comienzo fueron gritos incoherentes, vagas frases salpicadas de improperios. Después fue calificándola con palabras muy concretas: perra, puta, minusválida, cretina, casquivana, farnofélica, bulímica, ninfómana. Y se paraba de inmediato de la cama y dejaba el desayuno sin probar. Belén, que luce tan linda con el cabello violeta y su uniforme de aeromoza, hizo una muñeca de trapo de tamaño natural que imitara su silueta brasilera, y le puso en los pezones dos perlitas y orejas descomunales y la acuesta cada noche al lado de él. Desde entonces, cada vez que Arizmendi se despierta se le arrima a la muñeca y le acaricia las perlitas y tiene sexo con ella y le grita perra, puta, minusválida, cretina, casquivana, farnofélica, bulímica, ninfómana. Y se levanta de la cama y le da amorosamente a Belén los buenos días y se come el desayuno sin rabiar. Ahora dicen en la Torre de Pompeya que Arizmendi está de nuevo enamorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...