miércoles, 24 de agosto de 2011

De Bertha C Ramos. Peluche y Tía.


Durante años casi interminables Tía durmió abrazada a un muñeco de peluche a quien llamaba Peluche. No era  el tradicional osito crucificado, sino un perrito azabache y patizambo. Tía le daba de comer  menudencias de pollo y zanahorias orgánicas. Cuando estaba contenta le leía la biblia protestante, pero si el tiempo se ponía brumoso, a Tía le daba por hablarle nerviosamente de que en la vida existían accidentes como la parvovirosis y la piroplasmosis. Tenía que estar muy ansiosa para que se atreviera a nombrarle  la bordetella bronquiséptica, pero lo hacía entre dientes, sin importarle que Peluche mantuviera su mirada vidriosa como si eso de lo que le hablaban no tuviera nada que ver con él. En un acto fatal de un día maldito, a Tía le dio por sacarle a Peluche su relleno de algodón. Si bien estuvo sorprendida de comprender que no era sino un muñeco de peluche, lo estuvo aún más de saber que no podría dejar de llorarlo por el resto de su vida.



cuentosdeBCRamos. De Ligeras historias.
Max Bechmann, Mujer desnuda con perro.






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