miércoles, 7 de diciembre de 2011

De Bertha C. Ramos. EL MALEFICIO.

En otra época, la gente de las riberas del río sabía que las brujas no eran mujeres. Sin embargo, a ellas les gustaba parecerlo porque, si hay algo encubridor, es la naturaleza femenina. Cuentan que una vez llegó a Ponedera una extranjera. Una mujer que despertó en los hombres el deseo de usar palabras como libertad, independencia y emancipación. Que ellos se quedaban boquiabiertos cuando la veían pasar, y no era por su tobillera de alabastro ni porque sus diminutos pies cuadrados no dejaban huella alguna sobre el polvo. No. Era por la exaltación que les causaba una ranura que tenía en medio de las pupilas, un punto negro donde bailaban al tiempo fuego y hielo. Al cabo de pocos días los hombres sólo eran hombres. No había médico ni alcalde, no había obreros ni labriegos; únicamente un tropel de hombres que vagaba detrás de ella. Las matronas afirmaron que se trataba de una bruja y pusieron un santo y seña en los zaguanes y voltearon las escobas. Dicen que ella se marchó de medianoche rodeada por centenares de perros ciegos. Que escupía saliva púrpura y un maleficio. Que desde entonces,  toda mujer tiene una ranura en medio de las pupilas donde bailan al tiempo fuego y hielo, y que también desde entonces, los hombres usan palabras como obediencia, esclavitud o acatamiento.

cuentos de BCRamos. Ficción basada en anécdotas del libro de la señora Diva Colina de Rocha. Ponedera, Atlántico.
Obra de Leonel Góngora, pintor colombiano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...