martes, 27 de diciembre de 2011

De Bertha C Ramos. LA MUÉRGANA.

José del Tránsito nunca más volvió a la ciénaga. La última vez que estuvo por esos lados, no había dado tres pasos en el arenal cuando oyó que alguien cantaba como desmigajando estrellas. Buscó la voz entre la taruya y ahí estaba una mujer, medio bella y medio fea, aunque él no supo reconocer la diferencia. Sintió que olía a verdolaga pisoteada y tenía los ojos jaspeados, medio azules, medio rojos. Ella lo llamó “ven acá José del Tránsito… ¿tú pa’ ‘onde vas?” José del Tránsito quedó medio hechizado, medio alerta, pero como era un hombre de esos que se creen más hombres, le mostró los antebrazos y le dijo “Ven tu pa’ ‘cá…que yo soy el macho”. A ella le saltaron de los ojos pepitas solferinas como semillas de achote, y, medio ingenua, medio astuta, le palpó la entrepierna, plegó las alas y se fue con él. Todo el pueblo lo vio entrar con ella en brazos a la casa, medio hembra y medio ave, y se corrió  la bola de que era la Sirena. Jamás la han visto salir. Treinta años han pasado y no se le oye cantar. Cuando le gente le pregunta a José del Tránsito por la Sirena, él chasquea la lengua con desprecio y responde, medio enamorado, medio distante, “ahí ‘tá…medio sirena y medio muérgana”. 
cuentosdeBCRamos.
Obra de Egon Schiele.

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