lunes, 18 de marzo de 2013

De BERTHA C RAMOS. Hombre tonto y pequeña mujer triste.



En las aguas tibiecitas de Acapulco, a mediados de un verano, estaba nadando un hombre tonto y grande. Lo miraba fijamente una mujer pequeña y triste. Tan triste estaba, que el hombre grande la montó sobre su espalda como subiéndola a la proa de una barca, y se fue nadando mar adentro. Ella iba muda y él pensativo. Ella quieta, él diligente. Braceando salvó la costa de California y dio la vuelta por Alaska, para mostrarle a la mujer triste las espirales fosforescentes de las auroras boreales; luego bordeó el litoral helado de Groenlandia, bajó por el Mar del Norte, y la acercó de medianoche a los pendientes farallones de la costa del Cantábrico. De allí descendió hasta el golfo de Guinea, cruzó cuidadosamente el canal de Mozambique y llegó a la hora precisa para que ella presenciara cuando el sol vuelve un espejo la bahía de Bengala. Tomó aire en el estrecho de Malasia. En las aguas de Borneo le hizo el amor. En las playas filipinas removió los caracoles y las algas que enredaban sus cabellos. Hombre grande, tonto, fuerte y temerario. Se atrevió a pasar con ella el Mar de China. Gigantescas olas turbias lo golpearon arrastrándolo hacia el fondo de las trincheras Marianas, envuelto en una cascada de residuos coralinos. Hombre terco. Finalmente una corriente submarina lo envolvió y lo trajo de regreso hasta las aguas tibiecitas de Acapulco. El mar devolvió dos cuerpos a la playa. Un hombre grande sonriente y una mujer pequeña y triste. 
cuentosdeBCRamos.
Marc Chagall, La creación del hombre.

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