viernes, 15 de marzo de 2013

De BERTHA C RAMOS. Larga historia de madres.


Sibila ha tenido tantas madres que nadie se sorprendería de que la próxima sea una figura de icopor. A Sibila le ha tocado echar mano de su ingenio, ya que se han ido muriendo y ella no podría vivir sin madre; por eso, cuando sospecha que será huérfana nuevamente, se acerca a quien tenga aspecto de llegar a ser portada de la revista Vogue, teniéndole sin cuidado el sexo del elegido. Lo que sí es imprescindible es que conserve una aureola de poder y se deje llamar Moma, porque, cada vez que estrena madre, Sibila sigue la pista de su linaje, y se concentra felizmente en los laberintos de la heráldica. La fatalidad ha obrado distinto en cada Moma. Cinco de ellas fallecieron en hospitales de caridad por causa de enfermedades coronarias, resequedad vaginal, hipertrofia de próstata e insuficiencia renal, y otras siete recluidas en su cuarto, repudiadas por la hedentina y por los síntomas delirantes de la vejez. Sin embargo, en la Torre de Pompeya las han ido tolerando con la misma suspicacia con que miran el relevo de las dinastías políticas, aunque se han puesto de acuerdo en no ceder a las pretensiones de Sibila, que quiere que le preparen diariamente arroz con leche a su mamá, o le saquen a orinar a la perrita Pomerania. Anteayer, uno de esos fríos días otoñales, insinuó que la llevaran a asolearse a la azotea, y los vecinos accedieron a subirla sentada en la mecedora, e insistieron en que viera el ocaso arrebolado. A Moma se le bajaron las defensas ante tanta gentileza y pescó una neumonía. Sibila le compró un chal de lana virgen, un rosario y bolas de tamarindo azucarado, y se sentó junto a su cama a esperar una señal providencial. Mientras tanto, observa por la ventana a todos los que caminan por el frente de su casa, y se come las uñas, como cuando uno está a punto de confesarse.
Anita Malfatti, La boba.

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