martes, 30 de abril de 2013

De Bertha C Ramos. Mujer sola cuya soledad no tuvo que ver con el adiós de un hombre.

Mujer Sola se fue haciendo a lo largo de la vida como haciendo una pintura. Sombras, puntos y volúmenes fueron su definición y su clausura. Diminutas pinceladas dibujaron sus congojas amarillas, sus  índigas turbaciones y sus rabias  solferinas. Mujer Sola trazó con negro sus confines, gruesas líneas que enmarcaban su figura juvenil. Nada quiso poseer por no perderlo, por tanto no se dispuso a las despedidas. Se negó a dejar crecer flores silvestres en su jardín, por no ver como caían los capullos con las lluvias tormentosas. Sus únicas pertenencias, heredadas sin afanes, fueron algunos abanicos sevillanos, un poporo quimbaya y dos o tres dolencias crónicas. Además, sus padres y hermanos. La sangre ardorosa que compartían los convirtió en una tribu paranoica, pero como eran porfiados, pudieron construirse una historieta familiar. Mujer Sola no deseaba nada, porque el deseo es una cárcel llena de presos peligrosos. En un asomo prematuro de su soledad, se consagró a cuidar de su mamá con la esperanza de que muriera temprano. Pero el tiempo y el diablo, eternos conspiradores, la destinaron a vivir descomedidamente, y cuando murió, Mujer Sola sintió alivio y una gran expectativa. Para entonces, ya del mundo y de su cuerpo pocas cosas le importaban. Les dijo no a los gatos, a la arbitrariedad de las enredaderas y a diferenciar los días de la semana. Les dijo sí a los otoños, a las hojas moribundas de los sauces y a las miradas austeras de los orientales, por su cercanía con lo letal. Le dijo quizás a un hombre que pasó de largo varias veces envuelto en la mortaja de un día invernal, pero cuyos labios prometían pocas palabras y besos primaverales. Al principio Mujer Sola lo ignoró, sin embargo, una boca entreabierta y una lengua jugosa, dieron cuenta de que una antigua intimidad existía entre ambos. Así que fue sólo un reencuentro y una serie de movimientos ondulados para reacomodarse, como sucede en cada reencuentro; después, sobrevino una confusa convivencia. Fue entonces cuando  Mujer Sola quiso poner su nombre en la historia que ese hombre traía escrita. Él lo supo y por decencia no le dijo que no, pero al poco tiempo le restituyó el mando sobre su cuerpo sin gestos desgarradores, y colocó  sendos adioses entre los pliegues de sus axilas. También le entregó una foto donde ella estaba realmente sola sentada en una colina de Lituania. Mujer Sola vio su obra terminada.  
De Bertha C Ramos, Hombre Macho y Mujer hembra con cierta dificultad para entenderse.
Fotografía: Mauricio Ramírez, India.

sábado, 27 de abril de 2013

De LUIS CERNUDA. No es nada, es un suspiro.

No es nada, es un suspiro,
pero nunca sació nadie esa nada
ni nadie supo nunca de qué alta roca nace.

Ni puedes tú saberlo, tú que eres
nuestro afán, nuestro amor,
nuestra angustia de hombres;
palabra que creamos
en horas de dolor solitario.

Un suspiro no es nada,
como tampoco es nada
el viento entre los chopos,
la bruma sobre el mar
o ese impulso que guía
un cuerpo hacia otro cuerpo.

Nada mi fe, mi llama,
ni este vivir oscuro que la lleva;
su latido o su ardor
no son sino un suspiro,
aire triste o risueño
con el viento que escapa.

Sombra, si tú lo sabes, dime;
deja el hondo fluir
libre sobre su margen invisible,
acuérdate del hombre que suspira
antes de que la luz vele su muerte,
vuelto él también latir de aire,
suspiro entre tus manos poderosas.

miércoles, 24 de abril de 2013

DE LO QUE HABLA.

Pepe Castro y la mirada "severa" de Eduardo Punset ante su objetivo

"Hoy he preparado el set en un apartado del restaurante en el que no estoy acostumbrado a trabajar y donde además tengo algo menos de espacio, pero con ingenio he conseguido un buen montaje y una iluminación perfecta. Aviso a Eduardo y le coloco en un taburete giratorio donde me resultará muy fácil si en algún momento tengo que cambiarle la postura. Quiero un primerísimo plano de su rostro. Disparo algunas fotos, me encanta como ha quedado la luz. Eduardo sonríe frecuentemente y me pregunta si quiero algún cambio en la pose o gestos. Le contesto que lo que busco es una mirada más severa, una que he visto en la mesa varias veces. Lo entiende y casi me atraviesa con ella. ¡ClicK!"

martes, 23 de abril de 2013

DE FOTOGRAFÍAS Y TEXTOS

ÚNICA SABIDURÍA
Lo único que sabemos

es lo que nos sorprende:
que todo pasa, como
si no hubiera pasado.

Silvina Ocampo

De LUIS GARCÍA MONTERO. A veces una piel es la única razón del optimismo.

Debería llover
y hace falta ser lluvia,
caer en los tejados y en las calles,
caer hasta que el aire ponga
ojos de cocodrilo
mientras muerde la tierra igual que una manzana,
caer sobre la tinta del periódico
y caer sobre ti
que no llevas paraguas,
que te llamas María y Almudena,
que piensas como abril
en hojas limpias bajo el sol de mayo.
A veces una piel
pudiera ser la única razón del optimismo.

viernes, 19 de abril de 2013

De ALBERTO SALCEDO RAMOS.La travesía de Wikdi.

Wikdi es un niño que vive en Chocó y que debe caminar cinco horas diarias para ir y volver a su escuela. El cronista Alberto Salcedo Ramos lo acompañó en un recorrido que ha tenido como escenario desde masacres de paramilitares hasta el riesgo de enfrentarse a los animales de la selva.

http://m.soho.com.co/zona-cronica/articulo/la-travesia-wikdi/25819

lunes, 15 de abril de 2013

De Hassan El-Ouazzani. Distancia.

¿Qué es lo que nos aleja?
El niño que fui. El viejo que seré.
Mi silencio que tú cansas.
La palabra,
la palabra.
¿Qué es lo que nos aproxima?
Tu lejanía cautivadora.
Nuestra fascinación por lo que vendrá.
Mi romanticismo cojo.
Nuestro desvío hacia lo alto.
La mañana,
la mañana.

lunes, 8 de abril de 2013

NEREO LÓPEZ. Un contador de historias.

“Si yo hubiera sido un viejo convencional ya estaría muerto y calumniado por los críticos. Pero ninguna de las falacias nostálgicas ha logrado engañarme. No tengo melancolía de las viejas cámaras, ni de los amores añejos, ni de las viejas costumbres, ni de las viejas palabras y mucho menos de los antiguos gobiernos. Yo congenio bien con el presente y estoy convencido de que en el horizonte se perfilan unos maravillosos tiempos. Por eso no colecciono nada.”


DE LO QUE HABLA

lunes, 1 de abril de 2013

De BERTHA C RAMOS. Ella y El cualquier día de noviembre.


Desde la noche anterior llovía. Desde la noche anterior Ella había decidido colgarse del cáncamo de hierro que sostenía el helecho. En medio del zaguán, donde la tropezara Él cuando llegara amanecido. Se colgaría con un lazo de fique que había teñido de rojo y al que puso cascabeles en ambas puntas. Cuando Él la viera, diría que se veía perfecta. Que a pesar de estar un poco pálida, todo en Ella estaba en orden. Decentemente en orden y prudentemente exquisito. El largo de la falda, los botoncitos de nácar ligados a los ojales, y ambos brazos, blancos, bellos, oscilando coordinados a lo largo de su cuerpo. Su diosa siempre esperándolo con el toque de elegancia que Él deseaba. En algún momento, Él tendría un gesto de temor y correría hacia el cuarto con tanta prisa, que al pasar la impulsaría a girar sobre sí misma, enrollándose y desenrollándose con garbo, dando vueltas al compás del tintineo de los cascabeles. El temor pudiera haberse transformado en pánico, pero Él llegaría hasta la cama, y se sabría salvado. Ella le había dejado cada cosa en su lugar. La ropa que se pondría para el funeral, todo acorde, hasta el pañuelo, como le gustaba a Él. También se daría cuenta de que había dejado cerca de la ropa su cajita de analgésicos, su colección de revistas Playboy, y un lazo de fique idéntico al que usara ella, pero teñido de negro. Seguramente entonces, Él regresaría al zaguán y le daría las gracias por su dedicación con una bofetada, como lo había hecho cada mañana de su vida juntos; luego pasaría sus dedos por la línea inexpresiva de su barbilla partida y acaso lloraría unos minutos sobre los pliegues de su falda escocesa. Para entonces, Ella ya sabría si desde esa dimensión era posible escupirle la cara y sorprenderlo.  
cuentosdeBCRamos.
Willem De Kooning, Marilyn Monroe.
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