martes, 25 de marzo de 2014

De DARÌO JARAMILLO AGUDELO. Historia sin historia.

Entonces,
para qué la tarde
sino para fatigar el olvido,
para huir un poco de la antigua soledad del día
hacia la noche,
para oír de los patios, de las calles, de la lluvia,
y entregarnos un poco
a la medio adivinada melodía
que nos dice lo que somos y nos dicta
un epitafio compuesto por secretas palabras.
Para qué la tarde
repetimos
sino para un vago asombro de la luz,
de los espejos, para un vago asombro
que anula los presagios de la noche,
para los cuartos de hotel y la llegada de los trenes.
Para qué la tarde
sino para los retratos de hace años
para la envenenada gota del tiempo
suspendida sobre nuestra
inocencia?

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