viernes, 26 de febrero de 2010

De Bertha C Ramos. Zeta y Equis.

Zeta y Equis se casaron porque a ambos les gustaba el arroz con leche. Zeta se puso un traje de hilos dorados y diadema al estilo Diana Spencer. A Equis le pareció que era apropiado vestirse como un cochero, anchas las mangas, alto y cilíndrico el sombrero. Aunque se sabía que Equis era el novio, porque Zeta le mal puso sobre el pecho, a última hora, un cachito de muérdago que arrancó de su ramo extravagante. Zeta y Equis hicieron un matrimonio convencional. Se llenaron de cacharros, de rutinas y de hijos. De vez en cuando hacían cosas raras, como si se resistieran a vivir corrientemente, sobre todo, cuando cambiaban las estaciones, o la luna. Durante una primavera, se tatuaron en la espalda sotas de copa y la palabra Forever. En un verano tormentoso -por largo y abrasador- se largaron felices a una playa nudista, y fumaron marihuana hasta que las estrías de la gente que estaba tomando el sol, comenzaron a hablarle a las de ellos y se fueron iracundos por tanta algarabía. Una vez, en medio de un otoño contundente, Equis le regaló a Zeta una especie de trineo de tres ruedas de látex y diez perros siberianos, y salían a montarlo en las autopistas aunque el frío les quemaba las orejas, y los perros se ponían a ladrar frenéticos por la velocidad de las tractomulas. Un invierno se les ocurrió escalar el Himalaya y quedaron atrapados en la tercera estación. Estuvieron cara a cara confinados en la carpa, enterrados en la nieve, excesivamente solos. Y en una hora oscura, imposible de reconocer si diurna o no, a Zeta se le antojó un helado de vainilla. Equis, que era radical, le dijo que estaba loca. Zeta dijo que si sobrevivían, se tatuaría en la frente la palabra Sometimes.
CuentosdeBCRamos. (De Hombre Macho y Mujer Hembra con cierta dificultad para entenderse.
Leonel Góngora, De la serie Pintor y su modelo.

De Emily Dickinson.Cuando nos vamos nunca sabemos que nos vamos...

Cuando nos vamos nunca sabemos que nos vamos.
Hacemos que cerramos la puerta y el destino
–a nuestra espalda- echa el cerrojo.
No volveremos ya.

Hay una soledad del mar
Hay una soledad del mar,
una soledad del espacio,
una soledad de la muerte.
Y no obstante parecen compañía
comparadas con ésa más profunda
intimidad polar,
infinitud finita:
la del alma consigo.
Emily Dickinson, poetisa estadounidense(1830-1886)

jueves, 25 de febrero de 2010

martes, 23 de febrero de 2010

De Han Yu, un poeta chino .

Todo resuena cuando se rompe el equilibrio.
Las yerbas son silenciosas,
pero si el viento las agita, silban.
El agua calla,
pero si el aire la mueve, repica;
las olas mugen: algo las oprime;
la cascada se precipita: le falta suelo;
el lago hierve: algo lo calienta.
Son mudos los metales y las piedras,
pero si algo los golpea, rechinan.
Así el hombre.
Si habla, es que no puede contenerse;
si se emociona, canta;
si sufre, se lamenta.
Todo lo que sale de su boca
se debe a una rotura...
Cuando el equilibrio se fragmenta,
el cielo escoge entre los hombres
aquellos más sensibles y los hace hablar.
Han Yu, Escritor chino. (768 - 824)
Fotografía: Mauricio Ramírez, India.

lunes, 22 de febrero de 2010

De Pierre Rey. Acerca del goce.

"El goce es un estado de plenitud que se basta a sí mismo. Por eso no es posible decir nada de él...si lo experimentamos. En el caso contrario, se sustituye por el discurso.
Cuanto menos se goza más se explica. Cuanto menos se comprende más se afirma."
"La creación nunca se debe a una felicidad. Es el resultado de una carencia. Es el contrapeso de una angustia, y se inscribe en el vacío que hay que llenar con un deseo cuyo goce se espera y con el fracaso de su logro. Lo cual equivale a decir que sólo puede nacer de una frustación, la falta de goce."

Pierre Rey. Del libro Una temporada con Lacan.
Leonard Baskin, Aenes.

Punta Faro, Colombia. El riesgo es que te quieras quedar.

miércoles, 17 de febrero de 2010

De Shigeto Oshida.

Debemos permanecer de pie
sin desaparecer
en el infinito mar
de las lágrimas.
Shigeto Oshida, o Padre Oshida, dominico, ermitaño y místico japonés.

martes, 9 de febrero de 2010

De Bertha C Ramos. Dos pecados envidiosos.

Dos pecados que habían sido cometidos por la mujer de un sargento, se encontraron casualmente mientras cambiaba el semáforo para cruzar una arteria en medio del corazón. Ambos eran asquerosos, peligrosos, bisexuales, y por supuesto, eran negros. Uno tenía estructura de pigmeo y usaba una vuelta larga de caprichosas perlitas cultivadas en Mallorca. El otro llevaba gafas de jesuita y una gorra colorada y le seducían los tangos y la maldad de los cuarteles militares.
Mucho gusto, Otto.
Encantado, Hugo.
Al principio se midieron con el odio con que se miden los malos. Se olieron y resoplaron. Al rato tuvieron ganas de santiguarse, estaban enamorados. Otto bailó una samba de forma tan celestial, que a Hugo se le extasiaron los deseos de matar y casi desaparece estrangulado por un hilo de ternura. Pero se pararon firmes, como dos malos pecados. Y como eran pavorosos, asquerosos, bisexuales, y por supuesto, eran negros, tuvieron sexo fugaz y masoquista. Eso sí, muy productivo. Al cabo de algunos meses a la mujer del sargento le gustaban generales, coroneles o soldados, tenientes o capitanes, y trincheras y literas y garitas y los baños de la tropa, y las lenguas, y los dedos y fusiles y misiles. Otto y Hugo se sintieron envidiosos.
CuentosdeBCRamos.
Egon Schiele, AutoevidentesII.

De Patricio Lóizaga. Carnaval.

Máscaras. Gestos. Fantasmas.
Ha llegado el carnaval.
¿Dónde estará mi máscara?
¿Cuál será mi antifaz?
¿Dónde estarán los payasos?
¿Quiénes no son los payasos?

Somos fantasmas
cubiertos por máscaras,
Nadie escucha a nadie.
Nadie abraza a nadie.
Pronto comenzará el gran baile.

Occidente es un circo.
Patricio Lóizaga, Poeta, ensayista, investigador argentino. Del libro New York y otros poemas.
Imagen del Carnaval de Barranquilla 2010. Su autor, Joaquín Camargo Valle, lo tituló Carnaval de Barranquilla: muchas expresiones, una misma cara.

domingo, 7 de febrero de 2010

De Bertha C Ramos. Hermana Mayor.


En los días luminosos de la infancia, Hermana Mayor cuidaba a sus hermanitas con la desconfianza con que lo haría en cualquier lugar del mundo una hermana mayor. Las colocaba entre cuatro perros bravos y les decía: “Ya vengo, no me demoro, espérenme un rato” y ese rato podía ser igual a veinticuatro horas si Hermana Mayor estaba serena; porque si tenía la rabia vieja que le subía desde el hígado los domingos por la tarde, duraba quince días perdida y a las hermanitas se les pelaban las nalgas y a los perros bravos se les agotaba la saliva terrorífica, pero nadie se movía de su sitio. Peor aún era verla regresar a hacerse cargo de aquel desastre con la repugnancia con que lo haría en cualquier lugar del mundo una hermana mayor, y observarla cómo utilizaba las tenazas de bajar mangos para mover a las hermanitas de un lado a otro, y cómo duplicaba la ración de agua de panela para que los perros volvieran a estar furiosos y salivosos. De ahí que las hermanitas eran nerviosas y por eso Hermana Mayor las amordazaba y les amarraba trapos entre las piernas, entre los brazos, entre los dedos, y les taponaba los oídos y hacía de las tres un solo bulto ojeroso y compacto, como una crisálida, y les prohibía terminantemente pronunciar debajo de las sábanas cualquier tipo de palabra arrogante como destornillador, deshuesadero y macrocefalia, y las obligaba a dormirse temprano si no querían ser destinadas a casarse con hombres de las fuerzas militares. A veces, cuando Hermana Mayor estaba muy sentimental, apagaba la luz y les contaba la historia de un espantajo que se le recostaba en la espalda y no la dejaba en paz. A veces también Hermana Mayor se acostaba a dormir entre los cuatro perros bravos salivosos y se amarraba trapos entre las piernas, entre los brazos, entre los dedos, y se taponaba los oídos.
CuentosdeBCRamos. (De Los nudos falsos).
Amadeo Modigliani, retrato de Lunia Czechowska con blusa blanca.

sábado, 6 de febrero de 2010

De Juan Federico Torres. Pérdidas.

Una mujer perdió una mano: la de coser, la de la bendición matutina, la de pasar las hojas de los diarios, la de señalar a los enemigos, la de alzar las tazas de té con el meñique recto, la de espantar insectos, la de golpear las mejillas de los hombres, la de escribir teléfonos, la de sostener el colorete, la de abandonar en la cintura.
La mano no perdió nada que no fuera una mujer con una vida demasiado similar a la muerte.
Juan Federico Torres, Segunda antología del cuento corto colombiano.
Henry Moore, Maquette for Seated Torso 1954

viernes, 5 de febrero de 2010

De Walt Whitman. A una prostituta cualquiera.

Serénate –no estés incómoda conmigo-, yo soy Walt Whitman, generoso y lleno de vida como la naturaleza,
Mientras el sol no te rechace, no te rechazaré,
Mientras las aguas no se nieguen a brillar para ti y las hojas a susurrar para ti, mis palabras no dejarán de brillar y susurrar para ti.

Mi niña yo te cito y te pido que te prepares para ser digna de encontrarte conmigo,
Y te pido que seas paciente y perfecta hasta que yo venga.

Hasta entonces te saludo con una mirada expresiva para que no me olvides.
Walt Whitman, Hojas de hierba.

lunes, 1 de febrero de 2010

Bye Sister Johanna Cunniffe!

 
"Así pues he hecho que mi vida rodara
Dentro y fuera, reclinando, erguido
¿Y qué es todo? ¿Y qué es todo?
El redoble de un tambor
Un golpe de trompeta
Nada más."

Musō Soseki, (1275 - 20 de octubre, 1351) Monje budista de la escuela Rinzai del zen.
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