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viernes, 15 de junio de 2012

De W.B. Yeats. La elección.

El intelecto del hombre está obligado a elegir
la perfección de la vida o la del trabajo,
y si toma la segunda debe rechazar
una mansión celeste, furioso en las sombras.
Cuando toda esa historia ha terminado, ¿qué noticias hay?
Con suerte o sin ella el trabajo su marca ha dejado:
esa vieja perplejidad, monedero vacío,
o la vanidad del día, arrepentimiento de la noche.
De La escalera de caracol y otros poemas.

martes, 25 de octubre de 2011

De W.B. Yeats. Navegando a Bizancio.

IV
Una vez fuera de la naturaleza nunca más tomaré
mi forma corporal de forma natural,
sino una forma como aquellas que el orífice griego
forjara en oro y en oro esmaltara
para que el soñoliento Emperador no se durmiera;
o cantaré, posado en una rama dorada,
para damas y señores de Bizancio,
aquello que haya pasado, que pasa o por venir.
De La Torre.

jueves, 13 de octubre de 2011

De W.B. Yeats. Muerte.

Ni temor, ni esperanza
visitan al animal agonizante.
Un hombre aguarda su fin
todo temiendo, esperando.
Muchas veces murió.
otras tantas levantóse.
Un gran hombre en su orgullo
confrontando asesinos
arroja su desdén sobre esa
transferencia del aliento.
Bien conoce la muerte hasta los huesos.
El hombre ha creado la muerte.

De La escalera de caracol y otros poemas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

De W.B. Yeats. Arribo de la sabiduría con el tiempo.

Arribo de la sabiduría con el tiempo
Aunque las hojas sean muchas, la raíz es sólo una.
A través de los mentirosos días de mi juventud
mecí mis hojas y flores al sol.
Ahora puedo marchitarme en la verdad.
De El yelmo verde y otros poemas.

Meditación en tiempo de guerra
En lo que dura la palpitación de una arteria,
sentado en esa piedra gris,
bajo el árbol quebrado por el viento,
supe que Uno es animado,
la humanidad inanimada fantasía.
De Michael Robartes y la bailarina

La rueda
A través del invierno invocamos la primavera,
Toda la primavera llamamos al verano,
y cuando ya resuenan los setos rebosantes
declaramos que lo mejor es el invierno.
Y después nada hay bueno
porque la primavera no ha venido.
No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo su nostalgia de la tumba.
De La torre.
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