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martes, 25 de marzo de 2014

De DARÌO JARAMILLO AGUDELO. Historia sin historia.

Entonces,
para qué la tarde
sino para fatigar el olvido,
para huir un poco de la antigua soledad del día
hacia la noche,
para oír de los patios, de las calles, de la lluvia,
y entregarnos un poco
a la medio adivinada melodía
que nos dice lo que somos y nos dicta
un epitafio compuesto por secretas palabras.
Para qué la tarde
repetimos
sino para un vago asombro de la luz,
de los espejos, para un vago asombro
que anula los presagios de la noche,
para los cuartos de hotel y la llegada de los trenes.
Para qué la tarde
sino para los retratos de hace años
para la envenenada gota del tiempo
suspendida sobre nuestra
inocencia?

viernes, 28 de febrero de 2014

De DARÌO JARAMILLO AGUDELO. De la nostalgia 6

Es distinto este decir que aquel hechizo,
me repito enredado en la guerra de encontrar las palabras.
Ayer iluminación, hoy trampa, evasivo poema,
rescoldo apenas del vuelo del amor o el asombro,
huella penosa de las noches felices,
juego el poema de la luna conmigo, en la noche de ahora.
Está además el vano consuelo de mi desmemoria: que conozco la dicha.
Y está también la certeza más sabia y más inútil: que hay alguien dentro de mí perdido,
 que envejezco.
Fotografia: BCRamos, Cartagena, Colombia,

martes, 21 de enero de 2014

De DARÍO JARAMILLO AGUDELO. Conjuro.

Que el azar me lleve hasta tu orilla,
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura.

domingo, 12 de enero de 2014

De DARÍO JARAMILLO AGUDELO. De la nostalgia, 8.


Hablo de las seis de la tarde con el cielo de un azul absoluto,
Hablo de recibir la madrugada montado en un caballo o en una carretera rumbo al mar.
Son instantes precisos, limpios de tiempo y sombra,
destellos del origen, blancura y fiesta.
Solamente si la música es silencio hay aquí música,
solamente si la música es el sonido del agua liminar.
Hablo de caminar a solas por el campo cercano a Santa Rosa,
del encuentro al azar con un amigo en una ciudad lejana.
Digo lo que me dicta mi corazón sereno,  la parte de mi alma dispuesta todavía al amor,
la del abrazo cálido, entrañable,
la parte que sobrevive esperando vencer a mi demonio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

De Darío Jaramillo Agudelo. De la nostalgia.

Vana memoria que no puede traerte desde lejos,
que no te vuelve carne, risa gentil o canto.
Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío,
incapaz de acariciar tu piel distante,
vana y obsesiva memoria que sólo alcanza a repetirme por quién vivo,
que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas.
También ausente eres mi presencia más cálida,
mi más pura nostalgia.

viernes, 5 de marzo de 2010

De Darío Jaramillo A. Algún día.

Algún día te escribiré un poema que no
mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores,
que no tenga jazmines o magnolias.

Algún día te escribiré un poema sin pájaros,
sin fuentes, un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.

Algún día te escribiré un poema que se limite
a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas;
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

Darío Jaramillo A.     ( Colombia 1947 )

miércoles, 18 de noviembre de 2009

De Darío Jaramillo Agudelo. De "Poemas de amor" 1986


Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese froto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

Edvard Munch. Despair 1893-94

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