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viernes, 20 de abril de 2012

De Andrea Cote. Un rincón para quedarse.

Ya no requieras, María,
el alma de las cosas desprovistas,
que no son más que huesos de esta casa muerta.

No busques el vacío de tu cuerpo en las paredes
que no saben de ti
que por ti no preguntan;
ni tampoco cicatrices en el aire
de azul embalsamado
que sólo está aquí como prueba de un cielo abolido.

El paisaje es todo lo que ves,
pero que no sabe que existes,
así como estas cosas que nada contarán de ti,
de tus heridas.

Acuérdate, María,
que tú eres la casa y las paredes
que viniste a derrumbar
y que la infancia es territorio
en que el espanto anhela
no sé qué oscuro rincón para quedarse.

lunes, 28 de noviembre de 2011

De Andrea Cote. Presagio.

La muerte es un juego que perdemos.
Es preciso, en tanto,
no agotarse
arrancarse el pecho del pecho,
escondérsele para siempre a la sombra,
no dejar aroma en los cuartos,
no abarrotar el olvido.
De todas formas
uno se va a la muerte con hambre.

sábado, 26 de noviembre de 2011

De Andrea Cote. Casa vacía.

Todos los días me deshago de la hierba
que crece dentro de la casa
pero crece de nuevo,
rompe la casa y la deshoja.
A ella entran todo el tiempo cosas
que se hunden en la hierba.
Mi cuerpo es esta casa vacía
a la que también yo entro
Pero que no me habita.

viernes, 7 de octubre de 2011

De Andrea Cote. Temo.

Temo que el infierno sea tan largo como el silencio de Dios,
que su tiempo esté habitado por el frío de los templos.
Temo que el silencio sea silencio afuera de la muerte,
que luego del tiempo aún conservemos la memoria.
Temo no dormir tampoco en ese sueño eterno
y que hasta allí nos siga la desesperación de los relojes.


viernes, 19 de noviembre de 2010

De Andrea Cote. Miedo.

Madre,
recógeme el sonido de la lluvia en el tejado del abuelo
cuéntame de las noches en que descubrí la sed por los acantilados
y de cómo desprendiste el fuego de la luz
para permitirnos el encuentro con nuestros primeros demonios.
Recuerda nuestra estancia eterna en los rincones de la casa
cuando aún llovían tardes grises en la arena
y la lluvia mohosa venía con abril
y todavía no tenía miedo.
Fotografía: Mauricio Ramírez. Vietnam.
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