Fotografía: María Camila Ramírez. Punta del Este, Uruguay.
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martes, 24 de abril de 2012
De Gustavo Tatis Guerra. Epicuro blasfema al atardecer.
Fotografía: María Camila Ramírez. Punta del Este, Uruguay.
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GUSTAVO TATIS GUERRA,
POESÍA,
POESÍA COLOMBIANA
lunes, 23 de enero de 2012
De Gustavo Tatis Guerra. Paraíso.
¿Qué otro paraíso tengo
si no esta breve
temporada
en la tierra?
Tus manos me
recuerdan
que estoy vivo,
bendigo la flor
que me regalan
tus piernas.
si no esta breve
temporada
en la tierra?
Tus manos me
recuerdan
que estoy vivo,
bendigo la flor
que me regalan
tus piernas.
¿Qué otro esplendor tengo?
Cada día me acuerdo
que también
la muerte es bella.
que también
la muerte es bella.
Gustavo Tatis Guerra en He venido a ver las nubes.
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POESÍA COLOMBIANA
sábado, 21 de enero de 2012
De Gustavo Tatis Guerra. Emily cuida el jardín.
¿Quién soy yo para contar el bello secreto de la mariposa?
Emily Dickinson.
No puedo estar sola.Emily Dickinson.
Me visitan huestes.
Pájaros que han perdido su casa.
Lluvias inmensamente solas
que vienen a refugiarse en mi cabello.
Ha perdido las hojas ese árbol
donde yo veía los ojos de un ángel.
Mi alma quiere apostar al cielo.
No seré fiel sino al misterio.
Pájaros que han perdido su casa.
Lluvias inmensamente solas
que vienen a refugiarse en mi cabello.
Ha perdido las hojas ese árbol
donde yo veía los ojos de un ángel.
Mi alma quiere apostar al cielo.
No seré fiel sino al misterio.
De Evangelio del viento.
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POESÍA COLOMBIANA
martes, 8 de noviembre de 2011
De Gustavo Tatis Guerra. Cazador.
No tengo otra embriaguez que la luz de la luna.
Disparé contra un cielo muy oscuro al amanecer.
Creí ver la sombra de una guartinaja.
Creí ver la sombra de una perdiz.
La huella de los animales de monte
me sedujo desde niño.
Fui lector insaciable de libros de viajeros y cazadores.
No tuve otra compañía que el silencio de la noche.
El resplandor de las luciérnagas
la luz efímera de los muertos que brillan
bajo los árboles en los antiguos entierros indígenas de los Zenúes.
No preciso cómo ocurrió.
Sólo disparé. La sombra tembló en la espesura.
Perdí el equilibrio. Perdí el blanco que tenía en las noches de cacería. Caí derribado sobre la hierba. Como si un rayo hubiera caído sobre mí. Sentí la sangre caliente sobre mi rostro. La sangre en mi ojo derecho. Me dije: Adiós luz que te guarde el cielo. Más allá del brillo de la luz, había algo que aleteaba en el aire. Como una mano que se despedía. Una mano que mostraba una hoja verde manchada de sangre. Un mico que se cubría con una hoja la sangre de su herida y me la mostraba desde lo alto de una ceiba. Fue la última vez. No volví a disparar jamás contra ninguna criatura del cielo y la tierra.
Al abuelo Ricardo Guerra.
De Evangelio del viento.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
De Gustavo Tatis Guerra. Niño iraquí viendo la soledad del agua.
Ahora
no tengo otra compañía
que la soledad del agua
busco entre los muros
la sombra del abuelo que abre una puerta
y la luz dorada me invade la cara
pero ya no está él
ni la casa donde jugábamos
ni la calle donde nos sentábamos
a ver llegar el invierno.
¿Adónde fueron las estrellas que vimos
juntos en las noches más solas
cuando aún no habían
bombardeado el cielo?
Fotografía: Estragos del invierno en las poblaciones del Atlántico, Colombia.
no tengo otra compañía
que la soledad del agua
busco entre los muros
la sombra del abuelo que abre una puerta
y la luz dorada me invade la cara
pero ya no está él
ni la casa donde jugábamos
ni la calle donde nos sentábamos
a ver llegar el invierno.
¿Adónde fueron las estrellas que vimos
juntos en las noches más solas
cuando aún no habían
bombardeado el cielo?
Fotografía: Estragos del invierno en las poblaciones del Atlántico, Colombia.
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sábado, 11 de diciembre de 2010
De Gustavo Tatis Guerra. Wayúus.
WAYÚUS
Hay un lugar del desierto donde conversamos con los muertos. Es el Cabo de la Vela. El mar arrastra las voces de nuestros muertos y no hay secreto que no conozca la tierra. Ante ella nos inclinamos desde el amanecer y escuchamos sus confidencias. Los pastores del desierto llaman a silbos a sus cabras perdidas y miran el reloj en las sombras del sol en los cardones. Aferramos el bastón sobre la piel dura y maliciosa de la tierra y buscamos que ella nos regale la palabra precisa que multiplique el perdón entre los parientes en disputa de la tribu. Ella es la intermediaria ancestral y solícita de nuestro corazón. Las palabras ascienden a flor de alma como un fruto madurado al pie del agua. Es así como nacen los abrazos en la tribu.
A Weildler Guerra Curvelo.
Fotografía: Bertha C Ramos. Camarones, guajira colombiana.
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DE FOTOGRAFÍAS Y TEXTOS,
DE LO QUE HABLA,
GUSTAVO TATIS GUERRA
viernes, 19 de noviembre de 2010
De Gustavo Tatis Guerra. En la tarde el abuelo wayúu aconseja a su nieto.
No hacemos cruces en la tierra.
No tenemos fronteras en nuestro espíritu.
Las líneas de viento
las traza una cabra perdida en el desierto
y el silbo del niño que la llama
con una semilla redonda
que despierta
al arco iris.
No tenemos fronteras en nuestro espíritu.
Las líneas de viento
las traza una cabra perdida en el desierto
y el silbo del niño que la llama
con una semilla redonda
que despierta
al arco iris.
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sábado, 24 de octubre de 2009
De Gustavo Tatis Guerra.
Ensalmo
Quiero que sepas que el poema puede curarte
como esas flores y raíces del bosque
Como esos secretos de la selva virgen
puede sanarte ese dolor que sientes
más allá de tí
El poema es un ensalmo
un talismán
para que tu soledad resplandezca
en el abismo de mis manos.
Quiero que sepas que el poema puede curarte
como esas flores y raíces del bosque
Como esos secretos de la selva virgen
puede sanarte ese dolor que sientes
más allá de tí
El poema es un ensalmo
un talismán
para que tu soledad resplandezca
en el abismo de mis manos.
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