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viernes, 6 de mayo de 2011

De Emily Dickinson. Saber llevar nuestra porción de noche...

 Saber llevar nuestra porción de noche
o de mañana pura;
llenar nuestro vacío con desprecio,
llenarlo de ventura.

Aquí una estrella, y otra estrella lejos:
alguna se extravía.
Aquí una niebla, más allá otra niebla,
pero después el día.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

De Emily Dickinson. Podría estar más sola.

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite. 

viernes, 27 de agosto de 2010

De Emily Dickinson.

Cuando cuento las semillas
sembradas allá abajo
para florecer así, lado a lado;

cuando examino a la gente
que tan bajo yace
para llegar tan alto;

cuando creo que el jardín
 
que no verán los mortales
siega el azar sus capullos
y sortea a esta abeja,
puedo prescindir del verano, sin queja.

jueves, 29 de julio de 2010

De Emily Dickinson.

Sobreviví la noche de un modo secreto
y entro en el día.
Le basta al que está a salvo saber que fue salvado
aunque no sepa el cómo.

Tomo, pues, mi lugar entre los vivos,
como quien deja que lo lleven,
candidata al azar de la mañana
pero citada con los muertos.

miércoles, 28 de julio de 2010

De Emily Dickinson. He visto un ojo moribundo

He visto un ojo moribundo
rodar y recorrer un cuarto,
como buscando alguna cosa.
Después nublarse,
después oscurecer,
después cerrarse
sin revelar qué era
lo que -visto- lo hubiese sosegado.

viernes, 26 de febrero de 2010

De Emily Dickinson.Cuando nos vamos nunca sabemos que nos vamos...

Cuando nos vamos nunca sabemos que nos vamos.
Hacemos que cerramos la puerta y el destino
–a nuestra espalda- echa el cerrojo.
No volveremos ya.

Hay una soledad del mar
Hay una soledad del mar,
una soledad del espacio,
una soledad de la muerte.
Y no obstante parecen compañía
comparadas con ésa más profunda
intimidad polar,
infinitud finita:
la del alma consigo.
Emily Dickinson, poetisa estadounidense(1830-1886)
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