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sábado, 11 de febrero de 2012

De Ángel González. Deixis en fantasma

Aquello. 
No eso. 
Ni 
-mucho menos- esto. 
Aquello. 
Lo que está en el umbral 
de mi fortuna. 
Nunca llamado, nunca 
esperado siquiera; 
sólo presencia que no ocupa espacio, 
sombra o luz fiel al borde de mí mismo 
que ni el viento arrebata, ni la lluvia disuelve, 
ni el sol marchita, ni la noche apaga. 
Tenue cabo de brisa 
que me ataba a la vida dulcemente. 
Aquello 
que quizá hubiese sido 
posible, 
que sería posible todavía 
hoy o mañana si no fuese 
un sueño.

sábado, 31 de diciembre de 2011

De Ángel González. Porvenir.

Te llaman porvenir 
porque no vienes nunca. 
Te llaman: porvenir, 
y esperan que tú llegues 
como un animal manso 
a comer en su mano. 
Pero tú permaneces 
más allá de las horas, 
agazapado no se sabe dónde. 

!Mañana!  Y mañana será otro día tranquilo 
un día como hoy, jueves o martes, 
cualquier cosa y no eso 
que esperamos aún, todavía, siempre.



jueves, 3 de noviembre de 2011

De Ángel González. Cumpleaños.

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.


sábado, 29 de octubre de 2011

De Ángel González. Nada es lo mismo.

                         La lágrima fue dicha…
Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.
¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?
No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.


jueves, 6 de octubre de 2011

De Ángel González. Elegía pura.

Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.


lunes, 3 de octubre de 2011

De Ángel González. Esto no es nada.

Si tuviésemos la fuerza suficiente 
para apretar como es debido un trozo de madera, 
sólo nos quedaría entre las manos 
un poco de tierra. 
Y si tuviésemos más fuerza todavía 
para presionar con toda la dureza 
esa tierra, sólo nos quedaría 
entre las manos un poco de agua. 
Y si fuese posible aún 
oprimir el agua, 
ya no nos quedaría entre las manos 
nada.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

De Ángel González. Epílogo.

Me arrepiento de tanta inútil queja,
                                                                       de tanta 
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:

una resurrección, ninguna muerte.
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