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jueves, 3 de abril de 2014

De JOSÉ EMILIO PACHECO. El gran inquisidor.

Señor, guarde silencio o le cerramos la boca
de un latigazo.
Se la inutilizaremos bajo el hierro candente.
Con las tenazas de la Ley retorceremos su lengua.

No nos haga llegar a los extremos.
Guarde silencio. Cállese. No hable.
Al juez no se le juzga.
Él imparte Justicia, decide todo.
Es la mente que piensa por nosotros.

En cambio usted no es nadie, no sabe nada.
Se llama simplemente el acusado.
Qué soberbia aspirar a defenderse.

¿Supone que en el valle de Josafat
se atrevería a increpar a Dios Padre
por la forma tan justa en que creó este mundo?

¿Se da usted cuenta? Es el culpable de un crimen.
No sabrá cuál, no sabrá cuál,
morirá sin saberlo.
Debe pagar por ello. Y de qué manera.

No, no: no abra la boca. No interrumpa.
Respete al Juez y su Alta Investidura.
Es la Ley, se halla aquí para juzgarlo.

Está en peligro de volverse reo
De Lesa Majestad. Acepte y calle.

¿Desea, señor, que pierda la paciencia?
No me obligue a salir de mis cabales
Añadiré a su cuenta de pecados
el delito nefando de la blasfemia.

No me venga con cuentos de derechos humanos.
Usted ya no es humano: es el enemigo.
Vea en esta faramalla un pretexto formal
que disimula y cubre el expediente.

Dentro de unos instantes ofrendaremos su cuerpo
en el altar del Bien, la Bondad y el Orden Fraterno.

martes, 25 de marzo de 2014

De JAIME SABINES. A medianoche.

A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios. 

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mí mismo? 

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos. 

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer)

miércoles, 19 de marzo de 2014

lunes, 27 de enero de 2014

ADIÓS A JOSÉ EMILIO PACHECO.

12
Arde el campo en el sol a mediodía.
Aquí todas las cosas se disponen
a renacer.

              Y entonces, de repente,
todo el jardín se yergue entre las piedras:
nace el mundo nuevo ante mis ojos.
De El reposo del fuego.

sábado, 18 de enero de 2014

De JOSÉ EMILIO PACHECO. No me preguntes cómo pasa el tiempo.

En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas;
 Me alejo sin cesar.
 No me preguntes cómo pasa el tiempo.
 Li Kiu Ling traducido por Marcela de Juan

Al lugar que fue nuestro llega el invierno
y cruzan por el aire las bandadas que emigran.
Después renacerá la primavera,
revivirán las flores que sembraste.
Pero en cambio nosotros
ya nunca más veremos
la casa entre la niebla.

De JOSÉ EMILIO PACHECO. Otredad, otra edad.

¿Qué pensaría de mi si entrara en este momento
y me encontrara en donde estoy, como soy,
aquel que fui a los veinte años?



domingo, 2 de junio de 2013

De JOSÉ EMILIO PACHECO. Fin del mundo.

El 18 de mayo del 50
Se va a acabar el mundo.
Confiésate y comulga y encomienda tu alma
A la misericordia de Dios Padre
Y pídele a la Virgen que ruegue por nosotros.
Todo esto me dijeron varias personas.
El 18 de mayo esperé el terremoto,
El diluvio de fuego, la bomba atómica.
Como es obvio, no pasó nada.

Hay otras fechas para el fin del mundo.

miércoles, 3 de abril de 2013

miércoles, 20 de marzo de 2013

De JOSÉ EMILIO PACHECO. No me preguntes cómo pasa el tiempo.

En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas;
me alejo sin cesar.
No me preguntes cómo pasa el tiempo.
Li Kiu Ling, traducido por Marcela Juan
Al lugar que fue nuestro llega el invierno
y cruzan por el aire las bandadas que emigran.
Después renacerá la primavera,
revivirán las flores que sembraste.
Pero en cambio nosotros
ya nunca veremos
la casa entre la niebla.

miércoles, 20 de febrero de 2013

De EFRAÍN HUERTA. Altura. (De Poemínimos)

V
Estoy
Exactamente
A
Un metro
Con 74 centímetros
Sobre
El
Nivel
Del mal

De HOMERO ARIDJIS. La forma de tu ausencia.

Ni un momento 
he dejado de ver en este cuerpo 
la forma de tu ausencia, 
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida del amor
y del hambre.

sábado, 19 de enero de 2013

De JOSÉ EMILIO PACHECO. Concordancia: las personas del verbo.

Una vez 
Y por breve tiempo 
Hace mucho tiempo 
Tú y yo 
Fuimos de pronto hasta muy adentro 
Nosotros. 

«Nosotros dos» podía yo decir 
En las horas voraces que fueron nuestras. 

Desde hace tiempo 
Si hablo de ti 
Sólo puedo emplear 
La tercera persona: Ella. 

El yo empobrecido se hunde 
Entre las concordancias de la Nada.
 

miércoles, 2 de enero de 2013

De José Emilio Pacheco. College Park, Maryland






Esas frondas también dicen adiós. 

Las estremece un viento que llega ileso 
Desde el pasado en este mismo instante.

sábado, 13 de octubre de 2012

De Ulalume González de León. Cuerpo entero.

Separar el tacto de las manos
hacia un repertorio disidente
de ejercicios de menos


Tocar sólo tu voz
Después: sólo tu olor
Después: sólo tu luz

Después:
lo inacabado en tu presencia
un desconocimiento.

Y volver a calzarme el tacto
para tocar tu cuerpo
para tocar en tu desnudo
lo desnudo también de desnudez

miércoles, 1 de agosto de 2012

De Mario Bojórquez. Similicadencia.

Pero cómo decirme, decirte, decirles,
que tengo, tienes, tienen, los ojos entornados,
si al final de los ojos, guardo, guardas, guardan,
la almendra de los días y los rotos veranos.

Pero cómo callarme, callarte, callarles,
estos silencios suyos, tuyos, míos,
si en mis, tus, sus, ojos, hay palomas abiertas
sobre campos de sangre, que yo, tú, ellos,
                                               miran,
                                                         miras,
                                                                   miro,
De El rayo y la memoria.

domingo, 29 de julio de 2012

PoemaRío 2012. Mario Bojórquez.

GUGGENHEIM MUSEUM. 

La incesante espiral por donde el mundo sube
                                                                  baja.
La espiral incesante por donde voy conmigo
                                       para ascender en mí
                                                  y regresarme.
Por donde yo incesante
                                     espiral de mis huesos.
Diestro desde lo mío
                                 hacia yo 
               vuelta en mí mismo.
Incesante, por donde yo
                                     espiral apenas.
Retorno sin aliento.
Espiral donde incesante yo
                                           para mí, en mí.
Mario Bojórquez, Sinaloa, México.

sábado, 3 de marzo de 2012

De Octavio Paz. Madrugada.

Rápidas manos frías
retiran una a una
las vendas de la sombra
Abro los ojos
                        todavía
estoy vivo
                         en el centro
de una herida todavía fresca.

martes, 3 de enero de 2012

De José Emilio Pacheco. La flecha.

    No importa que la flecha no alcance el blanco
Mejor así
No capturar ninguna presa
No hacerle daño a nadie
pues lo importante
es el vuelo    la trayectoria      el impulso
el tramo de aire recorrido en su ascenso
la oscuridad que desaloja al clavarse
vibrante
en la extensión de la nada

domingo, 20 de febrero de 2011

De José Emilio Pacheco. Alta traición.

No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
y tres o cuatro ríos.

sábado, 15 de enero de 2011

De José Emilio Pacheco. Contraelegía.

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
    sería de piedra.
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